Triste cuento de la condición humana o cuento de la triste condición humana.

Érase una vez en un reino complicado y competitivo un joven hombre en pleno crecimiento. Era un niño interesante que había sido mimado por unos padres enamorados de la cultura y de inteligencia racional y compleja. Fueron años de descubrimiento y de rebeldía para este niño con el don de la emoción y de una inteligencia exploradora.

Algo no cuadraba, quería día tras día abrir este pecho a los demás, ser visto por su vulnerabilidad pero en este mundo tan tan competitivo, los únicos puntos de miradas posibles eran los resultados, la conformidad de la sociedad, la legitimidad de una cultura establecida.

Al mismo tiempo que iba abriendo su exploración, iba cerrando sus emociones. Necesitaba la mirada del otro al mismo tiempo que rechazaba la posibilidad de no dominar y controlar sus emociones, sentimientos… así como las personas que entraban en su mundo.
Buscaba evasiones, maneras de poder – bajo la etiqueta de la exploración, del viaje, de substancias o de la vivencia en otras sociedades – encontrar esta vulnerabilidad, este don de sensibilidad que tenia en el pero no sabia ya como expresar.

El sabía que este lugar existía en el, pero no se permitía enseñarlo. Buscaba seducir, comprobar en la mirada del otro su propia vivencia, su poder. No podía creer ser amado sin necesidad de demostrar. No podía creer que solo su esencia era suficiente para que el otro pueda estar con el, en el silencio, en la dulzura, en el dar y recibir sin esperar nada.

Se escondía detrás de esta falta de empatía, fácil de usar cuando interesa, cuando manipula pero que le aislaba cada vez más del otro. Le hacia perder momento a momento personas que querían amarle por lo que era en su esencia.

Era trabajador, investigador, amigo de la naturaleza y de la simplicidad. Se relacionaba con ser de luces, un amigo de todo la vida que era el ejemplo en persona del don de si mismo, mujeres y hombres que quería ayudar, personas mentales donde el cuerpo no entraba… espejos de lo que el era y quisiera ser.
Se conecto con el mundo de la meditación. Encontró personas en su camino que se dedicaron a darle el espacio seguro para explorarse, para amar y sentirse amado, para crecer y entrar en lo más esencial de el.

Pero esto fue solo un capítulo. Capítulo donde se intento entrar más allá de la simple condición humana. Donde se intento entrar en un espacio donde la vida pasada tiene su espacio. Donde el amor es energía y pureza.

Pero volvió la condición humana. Hizo su trabajo, le dedico valentía, paciencia y aprendizaje. En algunos momentos allí pudo acercarse a su esencia.

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~ par gaetanehermans sur juillet 19, 2017.

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